marzo 1, 2024

Revista Maravillosamente

La revista de la ley de asunción

AMARSE A UNO MISMO, EL PRINCIPIO DE TODO DESEO MANIFESTADO

AMARSE A UNO MISMO

“ Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.” (Mateo 22:36-40)

El Maestro lo dejó claro; el amor es de lo que depende la ley de Dios y ese amor no puede excluir a los que conforman la Unidad, el Padre y el Hijo (tú mismo y tus prójimos, pues todos somos Uno).

La orden resulta relativamente sencilla dentro de ser el concepto del Amor algo bastante abstracto, pues no es algo palpable. Nos parece fácil cuando nos enamoramos y perdidos en la perfección que vemos en ese periodo en el otro el amor parece salirnos a borbotones.

Tampoco dudamos de que lo que sentimos es amor cuando una pequeña criatura llega a nuestra vida en forma de hijo, hermana, sobrina… y sentimos una irresistible necesidad de protegerlos, procurarles experiencias felices y hacerles sentir amados y valorados.

El reto se sitúa ante nosotros cuando, diríamos, esa persona se vuelve “difícil de querer”. Algunos, más abiertos a la reflexión, se darán cuenta de que el verdadero amor es sin condiciones; es decir, se ejerce y se entrega independientemente del receptor, de cómo sea o cómo se comporte. *
Cuando hay condiciones para sentir o no sentir la emoción es cualquier otra cosa que amor.

*se puede sentir amor por alguien y elegir no tener una relación desde el amor, y no desde el odio, el rencor, la tristeza, etc.

Si llegado este punto hemos conseguido entender más o menos que es el amor, debemos cuestionarnos ahora, “¿me amo a mí mismo?”. Recuerda que, según lo mencionado antes, si hay condiciones para amarme entonces no se trata de amor, pues este es incondicional.

Algo rápido de identificar, por el contrario, es la falta de amor. Cuando hay desprecio, miedo, vergüenza, maltrato… no hay amor. Son actos muy llamativos que suelen encendernos las alarmas cuando vienen de otros, pero cuando es desde nosotros para nosotros mismos, necesitamos verdaderamente prestar mucha atención.

¿Te has parado a observar lo mal que te hablas cuando fallas?,¿necesitas tener determinados logros para estar orgulloso de ti?,¿recuerdas una y otra vez con vergüenza aquel error que cometiste hace años y te castigas por ello?,¿te suena familiar mirarte al espejo y sentir asco o desprecio por tu reflejo?

Este tipo de preguntas son meros ejemplos para que te hagas una idea de cómo detectar actos, pensamientos faltos de amor, y cuando no hay amor, pues nada queda vacío, se llena de odio, desprecio y otras emociones que nada de proporcionarán más que dolor.

Después de esta pequeña autobservación te estarás preguntando, “Entonces, ¿cómo me amo?” y yo te responderé “¿Conoces tu lenguaje del amor?”.

Para amarte a ti mismo un paso interesante es identificar cómo tú amas a otros. Tú lenguaje del amor es el conjunto de acciones que representan este sentimiento, como por ejemplo:

  • Hablar con cariño a la persona amada (opuesto a insultar o degradar)
  • Respetarle y apoyarle (opuesto a culpabilizarle cuando se equivoca, por ejemplo)
  • Alimentarle bien y darle el descanso que necesita, como invitarle a tomar una siesta si se siente cansado o sobrepasado (opuesto a forzarle a trabajar u otras cosas depravándole de comida y sueño)
  • Validar sus emociones, haciéndole saber que lo que siente es licito (opuesto a avergonzarle por sentirse triste o enfadado por algo que ridiculizamos)
  • Apoyar a esa persona que quieres (opuesto a juzgar, es decir, etiquetar de bueno o malo)

Es probable que hayas identificado estas actitudes en tí para con otros y te haya sorprendido darte cuenta que para nada o en muy raras ocasiones eres así contigo; pero darse cuenta es el primer paso del cambio.

Te invito a que empieces a usar tu lenguaje del amor contigo mismo, y así estarás cumpliendo la ley de dios; “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” (Romanos 8:28).
Desde el amor, todas tus deseos serán manifestados; pero no olvides nunca qué es el verdadero amor.