El Espacio Sagrado Donde Todo Puede Cambiar
En el camino del crecimiento personal y la manifestación consciente, muchas veces buscamos transformar nuestras circunstancias, cambiar aquello que no nos gusta o conseguir aquello que deseamos. Sin embargo, existe un momento mucho más poderoso que cualquier acción externa: el instante en el que dejamos de identificarnos con lo que estamos viendo y elegimos conscientemente desde qué estado de conciencia queremos vivir.
Ese momento es el Instante Santo.
No es simplemente un momento de calma ni una pausa en medio del día. Es un espacio interior en el que suspendemos, aunque sea por unos segundos, la interpretación que tenemos de nuestra realidad y recordamos que nuestra conciencia es el verdadero punto de partida de nuestra experiencia.
El Instante Santo comienza con la suspensión del juicio. Dejamos de interpretar a los demás y a nosotros mismos únicamente desde las experiencias del pasado. Ya no necesitamos etiquetar, anticipar ni construir una historia basada en aquello que ocurrió anteriormente. Cada instante se convierte en una oportunidad para mirar con ojos nuevos, sin permitir que el pasado determine lo que somos capaces de experimentar ahora.
También implica una renuncia al control. Soltamos el deseo del ego de dominar las situaciones, conocer los tiempos o decidir exactamente cómo deben suceder las cosas. No significa dejar de actuar, sino dejar de actuar desde la ansiedad y permitir que nuestras decisiones nazcan de un lugar más profundo: la paz interior.
Cuando dejamos de juzgar y de controlar, aparece un espacio para la sanación. El Instante Santo nos permite transformar nuestra percepción del miedo y la culpa, sustituyéndolos progresivamente por amor, comprensión y aceptación. Lo que antes parecía una amenaza puede convertirse en una oportunidad para elegir una nueva mirada. Lo que antes nos hacía reaccionar puede mostrarnos aquello que todavía podemos liberar.
La Ley de Asunción nos enseña que aquello que aceptamos como verdadero en nuestra conciencia termina expresándose en nuestra experiencia. Por eso, el Instante Santo puede convertirse en una poderosa herramienta para vivir esta ley: un momento en el que dejamos de preguntarnos cuándo sucederá y entramos en la sensación de que, internamente, ya está hecho.
No necesitamos perseguir señales, comprobar resultados ni buscar confirmaciones constantes. Podemos detenernos, respirar y recordar quiénes somos. Podemos preguntarnos: ¿qué sentiría si aquello que deseo ya fuera una realidad? ¿Cómo pensaría, cómo actuaría, cómo me relacionaría conmigo mismo desde ese estado?
Y durante unos instantes, simplemente habitarlo.
Vivir desde el Instante Santo transforma nuestra experiencia porque:
- Nos permite suspender el juicio y liberarnos de las interpretaciones condicionadas por el pasado.
- Nos ayuda a soltar el control y confiar en la guía de nuestra paz interior.
- Transforma el miedo y la culpa mediante una percepción basada en el amor y la comprensión.
- Nos conecta con un estado de conciencia desde el que podemos asumir y crear una realidad diferente.
El Instante Santo no es escapar de la realidad ni negar lo que sucede. Es recordar que una circunstancia no tiene el poder de decidir quiénes somos. Es ese pequeño espacio entre lo que ocurre y nuestra reacción, donde podemos elegir nuevamente.
Porque quizá la verdadera manifestación comienza precisamente ahí: en el instante en el que dejamos de mirar hacia fuera para comprobar si nuestra realidad ha cambiado y comenzamos a vivir desde dentro como si ya hubiéramos cambiado nosotros.
Un instante puede parecer pequeño, pero un nuevo estado de conciencia puede transformar una vida entera.
El Instante Santo es volver a nosotros. Es suspender el juicio, soltar el control, sanar nuestra percepción y recordar que cada momento nos ofrece una nueva oportunidad para elegir desde dónde queremos crear.
De Amor a Amor, gracias por leerme.
Anna Gil
Life Coach
Instagram: @deseos_conscientes
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